La junta epoxídica se ha consolidado en los últimos años como una solución de alto rendimiento para sellar juntas en revestimientos cerámicos, sobre todo en entornos donde la humedad y la resistencia química son un factor clave. Frente a las juntas cementosas tradicionales, esta mezcla de resinas y agentes catalizadores destaca por su durabilidad, impermeabilidad y facilidad de mantenimiento. Sin embargo, su aplicación no está exenta de inconvenientes: los restos endurecidos que permanecen tras el fraguado se convierten en un problema frecuente para instaladores y usuarios.
Eliminar residuos epoxi en superficies como gres porcelánico, cerámica esmaltada o mosaico vítreo no es tarea sencilla una vez que la resina ha endurecido. Aunque la limpieza inmediata es siempre la más recomendable, existen productos especializados capaces de disolver la junta ya fraguada sin dañar el material. Entre ellos se encuentra CR10 de FILA Solutions, un detergente líquido de alta viscosidad y acción concentrada que reblandece los restos endurecidos, facilitando su retirada incluso en superficies verticales.
El procedimiento requiere aplicar el producto puro con una brocha y dejarlo actuar durante unos 30 minutos, tras lo cual se frota con estropajo o espátula hasta que los residuos se desprenden. En pavimentos se puede emplear también una máquina rotativa con disco adecuado. Finalmente, es necesario un aclarado abundante con agua para eliminar por completo los restos. En casos de suciedad más persistente, la operación puede repetirse prolongando el tiempo de acción.
Gracias a soluciones como ésta, las ventajas de la junta epoxídica —su resistencia a ácidos, grasas y detergentes, su carácter antibacteriano y su larga durabilidad— pueden disfrutarse sin que la dificultad en la limpieza inicial reste valor a un material cada vez más presente en proyectos de interiorismo, laboratorios, cocinas profesionales y zonas húmedas como spas y piscinas.