El transporte por carretera entre Lisboa y Oporto a través de la autopista A1 permanece interrumpido tras la rotura de un dique de contención que provocó el desbordamiento del río Mondego, en el entorno de Coimbra, y el desmoronamiento de un tramo de un viaducto de la A1. Se trata de la principal arteria viaria del país, clave para la conexión de las ciudades de la fachada atlántica y para el movimiento diario de mercancías.
El tramo afectado, situado en Coimbra entre los nudos norte y sur, permanece cortado desde última hora del miércoles y obliga a los transportistas a utilizar itinerarios alternativos, con el consiguiente aumento de tiempos y costes logísticos. Aunque la inundación no causó víctimas —la zona, mayoritariamente agrícola, había sido evacuada de forma preventiva—, las consecuencias económicas empiezan a sentirse en sectores intensivos en transporte pesado.
Entre los más afectados se encuentra el de la piedra natural, cuya logística depende en gran medida del transporte por carretera debido al peso y volumen de los materiales. El cierre de la A1 complica el traslado de bloques, tablas y producto elaborado entre canteras, fábricas, puertos y centros de distribución, tanto para el mercado interno como para la exportación. Los desvíos incrementan los kilómetros recorridos, el consumo de combustible y los plazos de entrega, factores críticos para un sector que ya opera con márgenes ajustados.
Según el ministro de Infraestructuras y Vivienda, Miguel Pinto Luz, la reparación de la autovía no podrá iniciarse hasta que descienda el nivel del río y podría prolongarse “varias semanas”. El responsable gubernamental calificó la velocidad y la violencia de las aguas como “absolutamente anormal”, subrayando el carácter excepcional del episodio.



































