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El Banco Santander vende una cantera de piedra en Teruel

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    El Banco Santander ha obtenido una autorización del Gobierno de Aragón para explotar durante 28 años en La Ginebrosa (Teruel) una cantera cuyas extracciones pueden superar los 1,8 millones de metros cúbicos de piedra, aunque todo apunta a que no es ahora mismo una de sus primeras opciones.

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    La concesión de la cantera, denominada “La Fuente” y que está situada en un monte público junto a otra de arcilla, se encuentra intacta porque nunca llegó a ser explotada. Acabó en manos del banco en una ejecución de créditos tras la que, hace ya seis años, al estar próximos a vencer los permisos, Santander optó por tramitar las autorizaciones ambientales para “mantener vivo el proyecto y no perderlo”, explicaron fuentes de la entidad.

    En caso de aparecer un comprador, señalan las mismas fuentes, la vigencia de la concesión minera y de los permisos ambientales elevarían el precio, en unos terrenos que ocupan 122.900 metros cuadrados, doce campos de fútbol.
    En realidad, es esa documentación la que dota al paraje de valor económico, aunque con una condición: la declaración de impacto caduca el 3 de septiembre de 2024 si en esa fecha no ha comenzado la explotación de la cantera, lo que fuerza al banco a buscar un comprador en esos cuatro años, mientras La Ginebrosa, de 194 vecinos tras haber perdido 35 habitantes (un 15%) en lo que va de década, permanece expectante ante el enésimo proyecto para explotar el territorio en una España vacía en la que crecen los recelos a los planteamientos industriales y productivistas.

    “La cantera es un contrasentido con lo que estamos haciendo en el pueblo. No podemos prohibirla porque tiene todos los permisos, pero habrá que ver cómo podemos hacer para llevarnos bien”, explica el alcalde, Miguel Ángel Balaguer.

    El monte de la cantera se encuentra a algo menos de un kilómetro en línea recta del pueblo, por lo que el impacto visual de su explotación sería escaso, señala Balaguer, que no opina lo mismo de las emisiones de polvo y de ruido que provocaría la extracción, en la que se utilizará maquinaria pesada y explosivos. “Que fuera sin voladuras para evitar molestias ya sería un paso”, dice.

    Durante el periodo de alegaciones a la declaración de impacto ante el Inaga (Instituto Aragonés de Garantía Ambiental), el ayuntamiento de La Ginebrosa sostuvo que “la explotación puede disminuir la productividad de los cultivos y granjas próximas como consecuencia, tanto del polvo en suspensión como por el método de explotación de la cantera (voladura) y el tránsito de vehículos”.

    El alcalde, no obstante, confía en que la cantera de La Fuente no llegue a ser explotada. “Creen que tienen un negocio, pero yo no lo veo; y la gente a la que hemos consultado, tampoco”, explica, por tratarse de piedra común y encontrarse en un lugar mal comunicado y alejado de las plantas en las que trabajan el mineral las empresas del ramo que operan en la provincia.

    La declaración de impacto recoge que la cantera de La Fuente contará con una planta industrial anexa para el de tratamiento del mineral, piedra caliza para utilizarla en la fabricación de hormigón y para colocarlas como zahorra en obras que alcanzaría en su conjunto 1,5 millones de toneladas netas, descontado el material no aprovechable, con una media anual de 137.200.

    La autorización contempla su extracción en bancos de un máximo de veinte metros de altura “por medio de perforación y voladura controlada”, un sistema que genera elevadas emisiones de ruido y de polvo para las que la autorización pone condiciones como no utilizar explosivos “entre los meses de enero a julio para no afectar a especies de avifauna con categoría de amenaza” (hay siete) y, el resto del año, emplearlos “evitando intensidades acústicas elevadas que puedan incidir sobre los vecinos de La Ginebrosa, fauna salvaje e instalaciones ganaderas”.

    Eso supone no rebasar los 50 decibelios “a cien metros del punto de emisión o voladura”, a lo que se suma la obligación de comunicar a la comunidad autónoma el empleo de los explosivos con al menos dos días de antelación.
    El permiso prevé, por otra parte, la clausura de la cantera a los diez años “en el caso de que la explotación ya no resulte rentable” vista “la incertidumbre que plantea el mercado de áridos” por el enfriamiento de la economía y sus efectos en sectores como la construcción y la obra pública.

    fuente: Público.

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